The Present

Estoy aqui parada. Standing right here. ¿Es esta la nada? Parece serlo. Parece ser la llanura infinita del presente, esa que nace desde el segundo recién muerto y el futuro incierto que nunca se sabe delinear con exactitud.

¿Y ahora qué?

Mejor quedarse parada aquí, que volver ¿No? Suena más fácil de hacer aqui, que en la vida real, de todas maneras. Creo que por eso odio los recuerdos a veces, porque me hacen sentir que quisiera volver a... no sé a "casa", a ese lugar que no existe porque siempre se va, a ese momento que siempre idealizo. Es por eso que la mayoria de mis cosas favoritas son las que más me emocionan (generalmente hasta las lágrimas) ya sea para bien o para mal. A continuación, una de esas cosas favoritas que me (mal) emocionan, y que me recuerdan cuanto ansío volver a "casa" (Si es que se puede entender ese concepto desde la perspectiva de un momento en el tiempo, y no de un lugar físico)

En fin. Cosas imposibles, seguiré caminando. Simplemente...

Lista de cosas que emocionan:

1. Esos recuerdos de preadolescente (ese video de Depeche Mode)

Today


Me dí cuenta de que tenía muchas más cosas de mi papá de las que (me gustaría aceptar) creía.
Me dí cuenta que tengo problemas de baja presión.
Me dí cuento que tengo faringitis y amigdalitis a la vez-
Y un montón de cosas más que no son tan importantes como la primera.

Tregua, Treguas

Acabo de caer en la plena conciencia de que en el blog, se puede escribir cuantas veces uno quiera. No sé porque había tomado esa manía de sentir que sólo debía y podía escribir una vez por día, relegando este espacio a ese espacio común de las normas, de dormir 8 horas por día (yo quiero dormir unas 10), de almorzar a las 2 pm (a mi me da hambre como a las 3:30 todos los días) y un montón de cosas más.
Pero realmente, lo que me motivó a escribir no fue eso, si no que terminé el libro de Benedetti, el de La Tregua y aún sigue dando vuelta en mi cabeza aquella fracesita: "Es evidente que Dios me concedió un desitno oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua (...) No era la felicidad, era sólo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destido. Y es mucho más oscuro que antes, mucho más"
Quizás todos obtuvimos tan sólo una tregua ¿o no? Me gustaría pensar que no, porque tiendo a pensar que no creo en Dios, que no podría creer en él como un ser humano, quizás es eso a lo que yo preferentemente llamo "fuerza desconocida nunca superior pero si extraña que mantiene las cosas en su lugar y los planetas en sus orbitas, que realmente podría ser hasta la gravedad en distintos aspectos" Y me inquieta un poco, no se por que tanto (o quizás sí y no me atrevo a escribirlo).

Aun me resisto a creer en Dios o la religión, aunque pareciese que una fuerza extraña me empujara a no hacerlo, aún así, la costumbre puede más. Casi 6 años de ateismo no pasan en vano.

Caer

Caer, las cosas se caen. Pero también las personas: yo siento que caigo y caigo y caigo todo el tiempo. Quizás tenga que ver con ese sueño exasperante de anoche, cuando me desperté sólo porque no quería seguir soñando que caía y caía y caía por un tobogán sin fin. Me carga esa sensación, me ahoga, me da una especie de claustrofobia, me da de todo.

Y ¿Porqué siento que caigo? Por que creo que en la vida las cosas terminan por varias razones, pero hay dos que me importan más: porque la situación no daba para más, o simplemente (la peor de todas, a la que me siento más expuesta) porque estaba todo tan bien, porque no había nada más para ver, para mirar, para crecer, porque era todo siempre tan tan tan lo mismo, que se terminó. ¿Lo peor? Que se termina sin dolor, sin una lagrimita siquiera de decir "Maldición la cagué" No, porque era tan plano que no había ni sí, ni no, ni nada.

Escrito algo absurdo, pero las palabras clamaban por salir de mí, así como el enojo que me produce la gente que me crítica (no porque me molesten las críticas) si no porque critican en mí el mismo defecto que ellos poseen, como si yo fuese un espejo que todo lo agranda y la gente en general no soportara verse tan mal reflejada en mí.

Donoso.- (oh sí, de un tiempo a esta parte, me agrada firmar con mi apellido)

Un instante, un día, un segundo

Un segundo, ese espacio temporal demasiado corto (o quizás infinito) que compone un minuto entero. Los minutos se arremolinan para crear instantes, y mi día, si tengo suerte, puede estar compuesto de dos hasta tres instantes. No necesariamente memorables, pero instantes al fin y al cabo.

Un instante es ese momento en que el mundo parece encajar. Correción: en el que MI mundo parece encajar, entonces, por ese lapso de tiempo (que podría ser un minuto o tres horas) observo todo con cuidado, siendo testigo de como la naturaleza y el ser humano son maravillosos, de como en realidad todo tiene significado; Un significado real y puro y jamás inventado por pura necesidad.

Entonces es un instante, es un lugar donde las cosas existen y se mueven sin hacer ruido, todo ocurriendo sigilosamente en el fondo de mi retina. Y se va, claro. Era sólo un instante.

Acaba, Acabarán. Acabaron.

Un cuento del 2007: Siete Años

Quise publicar esto aquí a pesar de que es de algún tiempo atrás. Era por, para y en memoria de mi padre. También fue el cuento ganador en el concurso de ese año de mi colegio. So, Teobaldo Donoso Padilla, here is this, for you.

Siete Años

Damián recorrió aquella oscura habitación con la mirada.

Su habitación.

Los recuerdos volvieron a su mente sin que pudiese evitarlos o detenerlos: Siete años no habían pasado en vano.

Suspiró y dio más vueltas, tantas, que pronto le pareció que el mundo daba vueltas. Con brusquedad se tiró sobre su cama. Se acurrucó como un niño pequeño y lloró con amargura.

23 años. Esa era su edad. 23 años y siete de ellos marcados por el abandono de un padre.

Siete años que habían marcado su retraída personalidad y su frágil carácter.
Y aunque no lo dijese… Lo odiaba por ello. Lo odiaba por haberlo abandonado y más aún, lo odiaba por que a pesar de eso tenia su figura y recuerdo plasmados en su alma.

”Pero Damián, el odio envenenará tu alma aún pura” La dulce voz de su madre muerta, y la imagen de él mismo a los 16 años.

”Cuanto ansiaría no ensuciarme con este odio” Murmuró, mientras era conciente de cómo su cuerpo se tensaba ante la espera.

Hoy todo acabaría, pero… ¿Se atrevería a abrirle? ¿A mirarlo a los ojos y decirle todo lo que se había guardado desde que era un adolescente?

” ¿Papá?” Intento ensayar con aquella palabra que se le hacía demasiado extraña. Se levantó con apuro y limpió sus lágrimas con el dorso de su mano.

Era ahora o nunca.

La puerta se movió con estruendo y su corazón se paralizó.

¿Era esto por lo que había estado esperando tanto tiempo?

Estaba tan lleno de odio, tan lleno de rencor. Listo para decirle lo que cada noche pensaba: Jamás podría perdonarle.

Abrió la puerta con brusquedad, gritándole todo lo que pensaba.

” ¿Papá?” Preguntó

No obtuvo respuesta.

Quizás algún día su mente dejaría de engañarlo.

Quizás algún día, el volvería de verdad…
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